martes, 31 de diciembre de 2019

La Revolución Rusa

El primer estado proletario: ¿Es la revolución socialista la única vía para la superación del capitalismo? 
       
                 
1. Introducción a los contenidos 
A lo largo del siglo XIX la fuerza de los trabajadores agrupados en sindicatos había ido creciendo en Europa. A finales de siglo aparecieron, además, los partidos políticos socialdemócratas que iban a representarles en los parlamentos, en una nueva fase iniciada tras la Comuna de París de 1871, en la cual se renunciaba a la revolución y se depositaban las esperanzas en alcanzar nuevas cotas de poder a través del voto, confiando en las democracias parlamentarias y optando por una política reformista. Aun así, conservaron la retórica revolucionaria en sus programas para no descontentar a su militancia. Al margen quedaron dos grupos: los anarquistas y los comunistas. Los anarquistas seguían teniendo un peso considerable en los sindicatos y una presencia activa en el movimiento obrero, siendo la revolución su único objetivo y practicando en ocasiones el terrorismo. Los comunistaoptaban por la lucha a través de las huelgas y rechazaban el sistema parlamentario. 
La Revolución Rusa de 1917 provocó el surgir de una nueva praxis revolucionaria, a través de una nueva herramienta de lucha: el protagonismo de los concejos (sóviets) de trabajadores, campesinos y soldados. El modelo soviético no se repitió con exactitud en ningún caso, pero dejó un poso de ideas que marcaron profundamente la historia del siglo XX, alimentando las esperanzas de un nuevo orden político y social en manos de los de abajo, denominado dictadura del proletariado. 

2. Rusia bajo el zarismo 
2.1. Características de la Rusia zarista.  
Desde un punto de vista económico, la autocracia zarista encubría una economía rural estancada y que apenas había conseguido avances. La base de la economía era agrícola y de baja productividad. A partir de la década de 1890, la industrialización irrumpe en la primitiva economía rusa, propiciando el desarrollo de una clase industrial y financiera que infiltraron algunas ideas liberales occidentales, que acabarían por encontrar su representación en el Partido Kadete (Demócrata Constitucionalista). Cabe mencionar que esta industria era muy dependiente del capital exterior, pues su crecimiento se debió a las inversiones extranjeras, especialmente francesas. Este proceso se vio acompañado de un crecimiento demográfico, lo que se tradujo en un amplio sector de proletariados fabriles que vivían en condiciones de miseria y una falta de capacidad adquisitiva, provocando los primeros episodios de conflictividad obrera con las huelgas de la década de 1890 y la fundación en 1898 de un partido marxista, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR).  

Desde un punto de vista social, Rusia era un país de gran diversidad étnica, cultural y religiosa. Entre otras etnias y creencias, podríamos encontrarnos con finlandeses protestantes, rusos ortodoxos, polacos católicos y turcos e iraníes musulmanes. Su estructura social estaba muy jerarquizada: nobleza y clero ortodoxo - que poseían la mayoría de las tierras y controlaban el aparato estatal -, junto a un reducido número de burgueses industriales y comerciantes enriquecidos. También estaban los kulaks -campesinos ricos, pequeños comerciantes e industriales- y la intelligentsia, formada por profesiones liberales. La gran mayoría de la población era de clase baja, campesinos con una gran dependencia del Mir -institución encargada de distribuir periódicamente la tierra en las comunidades aldeanas-, a lo que progresivamente se fueron añadiendo los obreros industriales, cuyos derechos eran inexistentes y sus salarios míseros. 

Desde un punto de vista político, a finales del siglo XIX y principios del XX, el país se encontraba en una situación de crisis interna a causa de su desfase económico, social y político con respecto a Europa occidental. Su prestigio internacional estaba dañado tras la derrota en Crimea y su ejército era poca más que decadente. El Imperio ruso atravesó una breve crisis de superproducción (1901-1903), que fue una de las primeras crisis capitalistas en un país que luchaba por serlo. Los problemas económicos empujaron a la lucha por el control del Pacífico comos solución para colocar los productos, así como para pagar los créditos solicitados a franceses y belgas, entre otros, para el fomento de la industrialización. Japón quiso expulsar a los rusos de su zona de influencia, provocando el inicio de la guerra rusojaponesa (1904-1905) que demostró, de nuevo, la incapacidad del país, cayendo en una profunda crisis, en la que el pueblo fue la principal víctima de hambrunas y penurias.  

2.2. La Revolución de 1905 y la respuesta de Nicolás II 
En este contexto estalló la Revolución rusa de 1905. El 9 de enero de ese año, una masa de manifestantes pacíficos fue masacrada por la guardia cosaca frente al Palacio de Invierno en San Petersburgo. Fue la atrocidad del Domingo sangriento lo que originó una oleada de huelgas y motines populares por todo el país, como la protagonizada por los marineros del acorazado Potemkin, en Odessa, o la sublevación de la guarnición de la base de Kronstadt, así como también condujo a la elección del primer sóviet de diputados obreros en Petersburgo. 
Nicolás II se vio obligado a hacer algunas concesiones y promulgó el Manifiesto de Octubre (17 de octubre de 1905), en el que prometía una serie de reformas, como la creación de una Duma (asamblea legislativa) con poderes limitados, así como una Ley Fundamental (primera Constitución rusa, de 1906). Estas concesiones calmaron los ánimos revolucionarios y las fuerzas armadas restablecieron la autoridad. La política reformista del zarismo consiguió modernizar el país en parte, pero no logró los cambios necesarios. De hecho, la Duma terminó disolviéndose debido al intervencionismo del Zar. La situación se agravó al comienzo de la Primera Guerra Mundial. 

2.3. La caída del zarismo 
Las dos revoluciones de 1917 acarrearon dos grandes acontecimientos: la caída del régimen zarista, en febrero; y la creación del primer Estado socialista del mundo, en octubre. Las causas de estas dos revoluciones abarcan todo un conjunto de situaciones políticas, sociales y económicas de Rusia en la época. 
  • Causas políticas: La sociedad rusa había acumulado motivos suficientes para oponerse al gobierno del zar Nicolás II. El desprestigio de la nación tras los sucesos de 1905 y las numerosas pérdidas humanas y materiales sufridas con motivo de la intervención rusa en la Primera Guerra Mundial debilitaron enormemente la imagen del zar. Rusia entró en la guerra mal preparada, con una población descontenta del gobierno y una familia real desacreditada. El esfuerzo por la guerra fue enorme, hasta llevar al país al desastre. 

  • Causas sociales: A principios del siglo XX, en torno a un 85 % de la población rusa pertenecía al campesinado, que era explotado por los sectores superiores y por el propio régimen. La Primera Guerra Mundial no hizo más que aumentar el caos, pues mientras que la cantidad de alimentos requerida por el ejército no dejaba de aumentar, el abastecimiento tras el frente se empobrecía de forma exponencial. En octubre de 1916, habían perdido la vida entre 1,6 y 1,8 millones de soldados, a los que había que sumar 2 millones de prisioneros de guerra y 1 millón de desaparecidos. Fue entonces cuando empezaron a sucederse motines entre los soldados hambrientos y faltos de provisiones, munición e incluso armas. Con esto, los pocos apoyos que le quedaban al zar comenzaron a desaparecer. 

  • Causas económicas: Las motivaciones económicas de la revolución se atribuyen, en gran medida, a la mala gestión del gobierno zarista en los años precedentes sumadas a las catastróficas consecuencias de la participación rusa en la Primera Guerra Mundial. Aproximadamente, quince millones de soldados fueron enviados al frente; fenómeno que redujo el número de trabajadores en las fábricas y en el campo, que resultó ser insuficiente para mantener los niveles de producción. En consecuencia, se produjo una escasez generalizada de alimentos y materias primas. Los obreros tuvieron que soportar terribles condiciones de trabajo, incluyendo jornadas de doce a catorce horas, y salarios muy bajos. 

3. Las revoluciones rusas de 1917 
A tener en cuenta: Empleando el calendario gregoriano, la Revolución de Febrero se inició el 8 de marzo y la Revolución de Octubre el 7 de noviembre. 

3.1. La Revolución de Febrero de 1917 
El 23 de febrero, Día Internacional de la Mujer, se inició en la ciudad una huelga de las trabajadoras de las fábricas de tejidos. El día 25 se convirtió en huelga general, a la que el ejército contestó ese día y el siguiente disparando sobre la multitud. El día 27, sin embargo, fueron los propios soldados los que se rebelaron y empezaron a unirse a los trabajadores. Se formó entonces el Comité Ejecutivo provisional del sóviet de representantes de los trabajadores, por el que los trabajadores de las fábricas comenzaron a tomar el control a través de la creación de un contrapoder.  
Se formó un Comité provisional de la duma, aceptando las exigencias revolucionarias de convocar una Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal para decidir la forma de gobierno que había que adoptar. La abdicación del zar era lo único que podía detener la marea de revueltas. Nicolas II abdicó y el 15 de marzo se proclamó la República. El poder se encontraba en estos momentos dividido entre los sóviets, que representaban a las fuerzas de la revolución, y el Comité de la duma, formado por miembros de los partidos liberales, que aceptó formar un nuevo gobierno, presidido por el príncipe Lvov, del que formaba parte Aleksandr Kérenski, un político del ala moderada del Partido socialista revolucionario. 

Los partidos revolucionarios más importantes en estos momentos eran el Partido socialista revolucionario, un grupo populista y con fuerte arraigo entre los campesinos, y las dos ramas marxistas, escindidas en 1903, del Partido Obrero Socialdemócrata: los mencheviques, partidarios de la vía legal y de la consecución del socialismo de forma gradual, y los bolcheviques, que propugnaban una organización revolucionaria, a modo de vanguardia y con un programa más radical. 

La autocracia fue reemplazada por la proclamación de un Gobierno Provisional basado en la autoridad de la Duma. El sóviet era en cierto sentido un rival del Gobierno Provisional. Dos revoluciones distintas y sucesivas, la burguesa y la socialista. Los miembros del sóviet se contentaron, por el momento, con reconocer la revolución burguesa rusa que establecía un régimen democrático-burgués. 

La Revolución de Febrero provocó la publicación de una amnistía política por parte del Gobierno provisional. Stalin (Iósif V. Dzhugashvili) y Lev Kámenev, dirigentes bolcheviques, regresaron de Siberia y se hicieron cargo del periódico del partido, Pravda. El 3 de abril regresaba de su exilio en Zúrich Vladimir Uliánov, Lenin, el líder más destacado de los bolcheviques. Trotski, que se encontraba en Nueva York, llegó más tarde, en mayo, por haber sido detenido por las autoridades británicas. 

3.2. Las Tesis de abril y el camino hacia la revolución socialista 
Las tesis fueron mal recibidas inicialmente, pero dejaron un fuerte impacto, lo que sumado a la forma en que evolucionó la realidad, acabaron convirtiéndose en el programa de la nueva y más ambiciosa revolución.  
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Las tareas del proletariado en la presente revolución (Tesis de abril), V. I. Lenin (1917) 
En nuestra actitud ante la guerra, que por parte de Rusia sigue siendo indiscutiblemente una guerra imperialista, de rapiña, también bajo el nuevo gobierno de Lvov y Cía., en virtud del carácter capitalista de este gobierno, es intolerable la más pequeña concesión al defensismo revolucionario. 
El proletariado consciente sólo puede dar su asentimiento a una guerra revolucionaria, que justifique verdaderamente el defensismo revolucionario, bajo las siguientes condiciones: a) paso del poder a manos del proletariado y de los sectores más pobres del campesinado a él adheridos; b) renuncia de hecho y no de palabra, a todas las anexiones; c) ruptura completa de hecho con todos los intereses del capital. 
Dada la indudable buena fe de grandes sectores de defensistas revolucionarios de filas, que admiten la guerra sólo como una necesidad y no para fines de conquista, y dado su engaño por la burguesía, es preciso aclararles su error de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante, explicarles la ligazón indisoluble del capital con la guerra imperialista y demostrarles que sin derrocar el capital es imposible poner fin a la guerra con una paz verdaderamente democrática y no con una paz impuesta por la violencia. 
[…] La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado. 
[…] Ningún apoyo al Gobierno Provisional; explicar la completa falsedad de todas sus promesas, sobre todo de la renuncia a las anexiones. Desenmascarar a este gobierno, que es un gobierno de capitalistas, en vez de propugnar la inadmisible e ilusoria "exigencia" de que deje de ser imperialista. 
Reconocer que, en la mayor parte de los Soviets de diputados obreros, nuestro partido está en minoría y, por el momento, en una minoría reducida, frente al bloque de todos los elementos pequeñoburgueses y oportunistas -sometidos a la influencia de la burguesía y que llevan dicha influencia al seno del proletariado-, desde los socialistas populares y los socialistas revolucionarios […] 
Explicar a las masas que los Soviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y que, por ello, mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas. 
Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, propugnando al mismo tiempo, la necesidad de que todo el poder del Estado pase a los Soviets de diputados obreros, a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan sus errores. 
No una república parlamentaria -volver a ella desde los Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás- sino una república de los Soviets de diputados obreros, braceros y campesinos en todo el país, de abajo arriba. 
Supresión de la policía, del ejército y de la burocracia. 
La remuneración de los funcionarios, todos ellos elegibles y amovibles en cualquier momento, no deberá exceder del salario medio de un obrero calificado. 
En el programa agrario, trasladar el centro de gravedad a los Soviets de diputados braceros. 
Confiscación de todas las tierras de los latifundios. 
Nacionalización de todas las tierras del país, de las que dispondrán los Soviets locales de diputados braceros y campesinos. Creación de Soviets especiales de diputados campesinos pobres. […] 
Fusión inmediata de todos los bancos del país en un Banco Nacional único, sometido al control de los Soviets de diputados obreros. 
No "implantación" del socialismo como nuestra tarea inmediata, sino pasar únicamente a la instauración inmediata del control de la producción social y de la distribución de los productos por los Soviets de diputados obreros. 
Tareas del partido: 
  • Celebración inmediata de un congreso del partido; 
  • Modificación del programa del partido, principalmente: 
  • Sobre el imperialismo y la guerra imperialista, 
  • Sobre la posición ante el Estado y nuestra reivindicación de un "Estado-Comuna" 
  • Reforma del programa mínimo, ya anticuado; 
  • Cambio de denominación del partido 
  • Renovación de la Internacional. 
  • Iniciativa de constituir una Internacional revolucionaria, una Internacional contra los socialchovinistas y contra el "centro". “ 
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Con esto, Lenin reproducía el ideario de Karl Marx donde rechazaba la idea de avanzar hacia el socialismo a través del “estado libre”, a lo cual objetaba que entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista se sitúa el período de transformación revolucionaria, denominado dictadura del proletariado, que trae consigo el progresivo debilitamiento y la extinción final del Estado. Para el marxismo, el Estado ha sido siempre un instrumento de dominación y opresión de una clase sobre otra. Por tanto, la sociedad comunista sin clases y la existencia del Estado son incompatibles.  
Mientras el prestigio y la autoridad del Gobierno Provisional se desvanecían, la influencia de los bolcheviques en las fábricas y en el ejército crecía rápidamente. Lenin hizo la afirmación de que en el sóviet había un partido dispuesto a tomar el poder: los bolcheviques. A comienzos de julio, coincidiendo con una desastrosa operación militar, grupos de soldados indignados promovieron en Petrogrado un movimiento contra el gobierno. Decenas de miles de trabajadores recorrieron las calles al grito de “¡Todo el poder para los sóviets!”. Paralelamente, decidieron dimitir los ministros liberales del Gobierno Provisional, formándose un nuevo gobierno presidido por Kérenski, que aceptó el compromiso de restablecer el orden en el ejército con el objetivo de continuar la guerra, a la vez que anunciaba futuras concesiones a trabajadores y campesinos. Las autoridades decidieron actuar contra los bolcheviques bajo la acusación de que realizaban propaganda subversiva en el ejército. Lenin huyó a Finlandia, desde donde mantuvo contacto con el Comité Central del partido, que pasó a la clandestinidad en Petrogrado. En septiembre, tras la fracasada toma del poder por parte del general derechista Kornilov, los bolcheviques obtuvieron mayoría en los soviets de Petrogrado y Moscú.  

3.3. La Revolución de Octubre de 1917 
Pese a los controles en la distribución de alimentos, fue imposible contener la subida de los precios, débilmente compensada por los aumentos salariales; la situación empeoró cuando la guerra impuso la escasez de casi todo. Esta situación económica provocó un considerable aumento de la tensión social, que se incrementó con el desabastecimiento de las tropas y las pérdidas humanas. Los campesinos procedían a las ocupaciones de latifundios con colectivizaciones, amparados por el marco legal que les proporcionaban los sóviets. Los obreros industriales no dudaron en la confiscación de las industrias. 

El 10 de octubre, Lenin regresó disfrazado a Petrogrado y se preparó una inmediata toma del poder. Se convocó una reunión del Comité Central Bolchevique, donde se hizo un llamamiento para preparar una insurrección armada y tomar el poder. Con los votos en contra de Zinóviev y Kámenevquienes pensaban que la insurrección fracasaría, querían destinar esfuerzos en obtener el mayor número posible de diputados en las próximas elecciones para la Asamblea Constituyente. Los bolcheviques consiguieron desarrollar en la capital una organización con capacidad para movilizar a trabajadores de las fábricas, soldados y marinos de la flota del Báltico, con el fin de derrumbar el gobierno. 

El 21 de octubre los comités de soldados de Petrogrado aceptaron a ese comité revolucionario como como su autoridad y distribuyeron armas a las Guardias Rojas, formadas principalmente por obreros industriales. Por su parte, Kérenski creía que tenía fuerzas suficientes para aplastar a los bolcheviques, con unos cuantos de miles de soldados y cosacos para defender el Palacio de Invierno. 
Durante la noche del 24 de octubre, grupos de Guardias Rojas y soldados se apoderaron de las estaciones, centrales telefónicas y de correos. En la mañana del 25 de octubre, el segundo Congreso de los Sóviets Rusos se reunió, centrando el mando al Partido Bolchevique. Martov, dirigente menchevique, propuso la formación de un gobierno democrático como vía para evitar una guerra civil. Mencheviques y socialistas revolucionarios denunciaron el asalto al poder contra el gobierno de Kérenski y abandonaron el Congreso. La Guardia Roja, avanzó sobre el Palacio de Invierno. El Gobierno Provisional se vino abajo sin resistencia. Fue un golpe sin apenas sangre, en el que el primer ministro Kérenski huyó al extranjero. Al día siguiente se celebró el II Congreso Panruso de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. El congreso proclamó la disolución del gobierno y anunciaron que los sóviets asumían el poder en Rusia, nombrando un Consejo de Comisarios del Pueblo, presidido por Lenin. El fácil triunfo de Petrogrado se repitió en otras ciudades, salvo en Moscú, donde la resistencia de los militares y la burguesía dio lugar a una semana de luchas con cerca de 500 muertos.  Esta situación no significaba el triunfo de la revolución, sino su comienzo. La dictadura del proletariado, concepto político marxista que propone como forma transitoria para desmontar el capitalismo mediante la utilización de la maquinaria estatal, fue proclamada en enero de 1918. 

Si los bolcheviques querían conservar el poder y salvar la revolución, tenían que negociar una paz con los Poderes Centrales, pues se carecía de la capacidad militar para combatir a Alemania o al Imperio austrohúngaro, que buscaban continuar con la guerra aunque Rusia se retirara. Los bolcheviques tuvieron una serie de encuentros en la fortaleza de Brest-Litovsk, unas negociaciones que se prolongaron con la esperanza de que la insurrección obrera se contagiara en Europa central. El 23 de febrero de 1918, con los alemanes avanzando hacia Petrogrado, Lenin forzó al Comité Central a aceptar las condiciones impuestas por Alemania. Rusia tuvo que entregar, tras firmar el Tratado de Brest-Litovsk el 3 de marzo, sus territorios en Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y Ucrania. Los términos de esta “paz vergonzosa” serían anulados el 18 de noviembre de ese mismo año, tras la derrota alemana, lo que sirvió a los bolcheviques para concentrarse en la guerra civil lanzada por el Ejército Blanco, contrarrevolucionarios y sus aliados en Europa.  

Para hacer frente a las resistencias de quienes no aceptaban los cambios que implicaba la revolución, se creó un organismo para llevar a cabo un control estricto de la oposición, la Cheka, una policía secreta encargada de acabar con los contrarrevolucionarios y el sabotaje. 

4. Rojos contra blancos 
4.1. Guerra civil 
Diversos ejércitos y regímenes contrarrevolucionarios (“blancos”) se levantaron contra los sóviets, financiados por los aliados, que enviaron a suelo ruso tropas británicas, francesas, norteamericanas, japonesas, polacas, serbias, griegas y rumanas. Los únicos factores que favorecieron al nuevo régimen fueron la incompetencia y división entre las fuerzas “blancas”, su incapacidad para ganarse el apoyo del campesinado y el apoyo de muchos soldados y marineros hacia los bolcheviques. Así pues, la Rusia soviética sobrevivió.  

La guerra civil no tuvo frentes fijos hasta septiembre de 1918. La correlación de fuerzas comenzó a medirse a comienzos de año, cuando algunos generales zaristas habían empezado a reclutar fuerzas en el sur. Fue un ejército de oficiales, que nunca logró atraer el apoyo de la población civil. Buscaban la restauración de la autocracia zarista y devolver la tierra a los propietarios. Sin duda, no haber sabido reconocer los derechos de los campesinos fue la principal razón de su futura derrota. Además, tras cuatro años de guerra, eran muchos los países que se oponían a enviar tropas, al contrario que otros como por ejemplo Winston Churchill que deseaban lanzar una cruzada contra el comunismo. 
Por su parte, los bolcheviques tuvieron que crear un nuevo ejército, el Ejército Rojo, reclutando a 22.000 antiguos oficiales del zar. En el curso de la guerra, se aumentó el número de efectivos a 75.000. Hubo ejemplos significativos como el del general Alexéi Brusilov, que había sido el general ayudante del zar Nicolás II y que consideró un deber patriótico el luchar por los Rojos, ya que el pueblo ruso los había elegido. 

Tras duros combates, la guerra acabó con la derrota de las fuerzas del general Peter Nikolaievich Wrangler, jefe del Ejército Blanco, en Crimea. La revolución y la posterior guerra llevaron a la tumba a 10.000.000 de personas entre 1917 y 1922.  

La victoria en la guerra terminó por consolidar a los bolcheviques en el poder, sobre todo al conseguir mantener casi todo el territorio de lo que había sido el Imperio zarista. La revolución sobrevivió por tres razones principales: 
  1. Contaban con una herramienta extremadamente poderosa, un Partido Comunista con 600.000 miembros, fuertemente centralizado y disciplinado 
  1. El gobierno bolchevique era el único que podía y quería mantener a Rusia unida como un estado, lo que le ganó apoyos de otros grupos que en otros muchos aspectos les eran hostiles. Para esos grupos, no se estaba eligiendo entre una Rusia liberal-democrática y una Rusia socialista, sino entre apoyar al nuevo gobierno o la desintegración 
  1. La revolución había permitido a los campesinos ocupar las tierras. En el momento decisivo, los beneficiados del reparto de la propiedad se decantaron por preservar las ventajas conseguidas con la revolución, pensando que las tierras volverían a las manos de la nobleza de perderse la guerra civil 
La importancia de Lenin en todo este proceso está fuera de duda, en parte por su visión centralista del Estado revolucionario. Lenin murió el 21 de enero de 1924, debido a las secuelas que le había dejado el atentado que sufrió el 30 de agosto de 1918, cuando Fanny Kaplan, una anarquista, le disparó tres veces. Tras su muerte, se erigieron decenas de monumentos y estatuas, y Petrogrado pasó a llamarse Leningrado. 

5. Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas 
La victoria obtenida en la guerra civil engendró algunos sentimientos de euforia. No obstante, existían numerosos problemas que quedaban por resolverse: 
  • Había que reintegrar a cerca de 5 millones de soldados desmovilizados a una actividad económica normal 
  • La productividad del trabajo industrial había disminuido un 35%, que se debía a la mala calidad de materias primas y al deterioro del utillaje industrial 
  • Se debía recuperar el centralismo democrático, pues la guerra había obligado a que las asambleas plenarias de los sóviets se transformaran en el seguidismo de las órdenes de pocas personas 
  • Completada la conquista del poder, había que asegurarlo por medio de potenciar el crecimiento económico 
El 28 de diciembre de 1921 las repúblicas socialistas de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Transcaucasia firmaban el tratado que constituía la URSS. 

5.1. Hacia un nuevo rumbo: La NEP 
Una de las principales características de la URSS fue la de desarrollar una economía planificada de corte socialista cuyo objetivo principal era reducir el hambre y la pobreza, al tiempo que modernizara el país. La Nueva Política Económica (NEP) funcionó entre 1921 y 1928. No era un retorno al capitalismo, sino una transición que partía del abandono de las políticas realizadas durante la guerra.

La agricultura. El problema fundamental de la economía soviética residía en el campo, donde dominaba la agricultura de pequeñas explotaciones con un equipamiento paupérrimo. Había que crear un mercado entre el campo y la ciudad, así como revalorizar la monera. Las requisas fueron sustituidas por unos impuestos en especies, lo cual dejaba a los campesinos la capacidad de intercambiar los excedentes libremente. Se dio cierta tolerancia en el arrendamiento de la tierra y en el alquiler de fuerza de trabajo, a condición de que la familia trabajase junto a los asalariados. Esto provocó, por un lado, la recuperación de las cosechas, pero también significó el ascenso de los kulaks, campesinos ricos. 

La industria. El objetivo era el de reanimar la pequeña industria local para obtener artículos de consumo que sirvieran para desarrollar un mercado ciudad-campo. La gestión de las pequeñas empresas, con menos de veinte trabajadores, que no resultaban rentables se pusieron en manos de cooperativas. En cuanto al sector nacionalizado, se le forzó a ser más eficiente y mejorar su productividad. Se estableció un control de los beneficios que estas empresas producían, destinando un 25% al trust (unión de empresas que funcionan de la misma manera) y un 22% a un fondo para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.  
En líneas generales, la NEP se saldó con éxito, hasta su sustitución por los planes quinquenales llevados a cabo por Iósif Stalin, que tuvieron como directrices el control de la industria y la colectivización forzosa de la agricultura, para así convertir al país en una gran potencia industrial. 

5.2. Iósif Stalin, el hombre de acero 
Iósif Stalin fue nombrado secretario general del PCUS en 1924. Bajo su mandato, Trotski y sus seguidores fueron acusados de “desviación pequeñoburguesa del leninismo”, siendo expulsados del Comité Central y del Partido. 

En el plano económico se llevó a cabo una planificación de la economía con los Planes Quinquenales, dando inicio al modelo socialista, cuya intención era la de acelerar la industrialización del país, convirtiendo un estado en ruinas en una potencia mundial de primer orden y asegurar el sostenimiento del Estado proletario, recortando la ventaja de más de 50 años que tenían sobre ellos las democracias occidentales en apenas una década.  

El objetivo del Primer Plan Quinquenal (1929-1933) era el de avanzar en la industria de base o pesada (siderometalúrgicas, químicas y extractivas). Los recursos para financiar la industria debían venir de la colectivización del campo. Muchos de los campesinos ricos, kulaks, se opusieron a las medidas del gobierno bolchevique y fueron reprimidos en pos de la revolución. El Segundo Plan Quinquenal (1933-1937) fue, al igual que el primero, positivo. La producción seguía creciendo, aumentando la producción industrial un 250% y la agraria un 50%. Desde 1929 hasta 1940, el gasto miliar se multiplicó por 5. El Tercer Plan Quinquenal (1937-1942) fue interrumpido por la guerra contra la Alemania Nazi, al ser la URSS atacada por estos en 1941. 

La Revolución Rusa

El primer estado proletario: ¿Es la revolución socialista la única vía para la superación del capitalismo?                          ...